Los Juegos del Hambre (o el Teseo futurista)

Portada del Libro

Los juegos del hambre es el nombre del primer libro de la trilogía distópica creada por Suzanne Collins y también por el que se conoce la saga. A pesar de entrar en la categoría de Best Seller y la desconfianza que esto me producía —era producto de una estrategia editorial o resultado del voz a voz de un público interesado, o más bien efecto colateral de las películas—, tenía ganas de leerlo. Me he visto la película que abre la serie varias veces, no porque me parezca deslumbrante —es entretenida y refleja el libro en su totalidad—, sino porque me quedé sin Internet. El computador de mi novia tenía dos o tres películas en el disco duro y Los Juegos del Hambre se convirtió en la que repetimos una y otra vez sin cansarnos, fluía bastante aunque conocíamos la trama y el desenlace —lo que habla bien de la película o mal de nuestros gustos cinematográficos—, y más bien nos dejó con ganas de descargar el resto de películas . Me dije que tenía que leerme el libro para saber qué tanto cambiaba o si se dejaba leer con el mismo interés con el que vimos la película. No quedé decepcionado pero sí tuve ciertas dudas sobre la pertinencia y efecto del narrador para abarcar el universo que Collins plantea.

De qué va el libro: se trata de Panem, un país que surgió en el área geográfica de Norteamérica luego de que el planeta fuera azotado por una serie de eventos climáticos catastróficos, con las consecuentes guerras por el control de los recursos remanentes. La ciudad estado que gobierna el país es el Capitolio, una metrópoli repleta de lujos a la cual tributan los doce distritos que la rodean. Existe un treceavo distrito que fue destruido —supuestamente— por el Capitolio en lo que se conoce como los Días Oscuros, una rebelión en la que los distritos lucharon contra la represión y como castigo, además de leyes restrictivas, se instauraron los Juegos del Hambre: dos tributos de cada distrito, un hombre y una mujer, deberán luchar a muerte dentro de una especie de arena romana televisada en la que solo puede quedar un vencedor. Los veinticuatro tributos compiten anualmente en los juegos representando a sus distritos, recordándoles que el Capitolio tiene el poder tecnológico y militar para aplastarlos en el momento en que se les ocurra volver a levantarse.

La historia se cuenta desde la voz de Katniss Everdeen, una chica del Distrito 12 que sabe cazar y aprovecha esta habilidad para alimentar a su familia y después, cuando las cosas se le complican, defenderse dentro de los juegos. El otro tributo que participa por el Distrito 12 es Peeta Mellark —hijo del panadero del distrito—, un muchacho con el que Katniss comparte un recuerdo crucial y determinante: Katniss merodea entre la basura de la panadería buscando algo para comer y llevar a su casa. Peeta al verla deja quemar adrede dos hogazas grandes, es golpeado por su madre y en vez de tirarle el pan al cerdo que tienen en la parte trasera de la tienda, se lo tira a Katniss sin que su madre lo vea. Hay un reconocimiento en la adversidad y la carencia, un comprender al otro aunque las condiciones socioeconómicas no les permitan alentar estos sentimientos. Un destello de humanidad que será clave para comprender las motivaciones de ambos personajes.

Primero me refiero a la película: la considero una excelente adaptación del libro, no se le escapa nada y se comprime muy bien la narración en el tiempo de visualización. Solo al final de la película me pareció ver algo diferente y a mi parecer, relevante respecto al contenido del libro, sino a la narración como tal, si al subtexto, a lo que no se dice pero hace parte del contenido: Katniss y Peeta son perseguidos por unos lobos modificados genéticamente y que me parecieron más perros Rottweiler que lobos antropomorfos como se indica en el libro —tienen rasgos humanos, al parecer creados con el ADN de los tributos que han muerto dentro de los Juegos—. En la película no lo resaltan, sucede casi al final y parece que no les quedó tiempo para explotarlo, usarlo como referencia de la naturaleza aberrante y abyecta del Capitolio donde el otro, el que no es como ellos, deja de ser humano y por tanto, objeto de uso y experimentación, desechable. Katniss sufre al ver en los ojos y el pelo de estos el parecido con los tributos muertos, sobre todo con la niña del Distrito 11 con la que formó equipo y entabló una corta amistad. Se presenta una muerte doble y una muestra de la crueldad humana que no respeta ni siquiera lo que ha fenecido, lo que ya no es, el Capitolio los trae de nuevo deformados demostrando su superioridad y también, que lo puede hacer. Aunque la película no lo muestra sí me parece clave en lo que Collins quiere decir o significar, siendo parte de sus influencias creativas: es el mito de Teseo y el Minotauro, cómo el poder es capaz de crear un monstruo y este sin ser culpable es usado como recurso de venganza y luego asesinado pagando por las disputas de otros, es el marginado en el que recaen todos las culpas y males. Katniss se presenta voluntaria para acabar con el verdadero monstruo, el Capitolio y lo que este representa, una sociedad deformada que explota en favor de unos pocos a buena parte de sus ciudadanos —si es que se les puede llamar así—, aquellos que sufren y trabajan sin llegar a percibir un bienestar o mejorar sus condiciones de vida. Los derechos y deberes dependen de la posición social y lugar del que procedan.

Respecto al narrador: al principio me fascinó, una primera persona que muestra lo que sucede y lo que siente, es Kadniss revelando su interior y cómo interpreta la realidad con descripciones particulares del entorno —los bosques del Distrito 12 o el área de los juegos—, detalles que la caracterizan y ayudan a generan empatía con su forma de ver y sentir. Le da velocidad a la narración insertando diálogos acertados donde la primera persona valora y califica los gestos y pareceres de los otros personajes, lo que estos dicen. No podría ser de otra forma ya que el narrador en primera se instaura como la única voz narrativa a través de la novela. Esto conlleva a que luego se vuelva monótona la estructura restándole verosimilitud en situaciones donde el narrador además de participar en la acción, se toma el tiempo de describir lo que sucede y lo que siente, sobre todo en los casos en que Katniss es perseguida o intentan asesinarla, pierde credibilidad al tener que narrar y a su vez actuar como personaje. No quiero decir que la estructura no se sostenga —ni siquiera puedo decir que sea un fallo—, al repetirse se vuelve predecible pero la narración fluye si se obvia la inferencia del narrador en los momentos en que debe narrarse a sí mismo en actividades que no dan espacio a la reflexión y más bien sucede lo contrario: permite una lectura trepidante una vez se comprende la forma en que está escrita la novela, no hay que hacer pausas o devolverse para comprender quién narra o cómo narra, no hay espacios para la duda, sigues sin tener que regresar.

Me hubiera gustado ver el mundo desde la perspectiva de Haymitch, el mentor de Katniss y Peeta en los juegos —encargado de conseguirles patrocinadores y crear una estrategia para que sobrevivan—, o de Effie Trinket, la mujer que debe sacar la papeleta para elegir a los tributos del Distrito 12 —y que luego les sirve de guía en el Capitolio mientras se preparan para los juegos—. El primero es un personaje marginal dentro de lo marginal, vive en el Distrito 12, borracho e incapaz de socializar, aislado y con un pasado que parece lo atormenta —es uno de los pocos tributos que han ganado los juegos en el distrito—; la otra representa lo banal, el individuo dedicado al consumo y al placer pero también a cumplir un rol y una postura que se recrea con múltiples máscaras.

Espero que en los siguientes libros la autora profundice en ellos y no solo en Kadniss pues son personajes que tienen sus particularidades y una riqueza que permitiría complejizar el universo que plantea, darle vitalidad a través de la diversidad de voces narrativas —según entiendo esto no sucede y el narrador se repite en los siguientes libros sin darle cabida a otros personajes—. Por último está Peeta Mellark, el otro tributo del Distrito 12: buena gente y sin maldad alguna, dispuesto a sacrificarse por Katniss y hacer todo lo posible por salvarla aunque ella no lo necesite. Su amor y virtudes son irreprochables y por esto mismo se queda corto como personaje, le falta complejidad, pareciera como si Collins lo reservara para libros posteriores y aunque intenta hacerlo ver como inteligente y capaz de generar empatía ocultando sus verdaderas intenciones en su trato con otros personajes, en este primer libro se queda corto, muy corto. Esto se puede interpretar, al igual que con otros personajes, al narrador utilizado: al tratarse de una primera persona en la voz y pensamientos de Katniss, hay un límite en la exposición y participación de otros personajes, si Katniss no está presente interpretando lo que ve, estos no existen, desaparecen pues el universo se muestra desde su perspectiva.

El libro resulta fácil de leer y entretenido con buenos contrastes entre personajes, la arquitectura se sostiene y por lo menos para mí, es creíble el mundo que plantea Collins sin llegar a exagerar en las descripciones para hacerlo más verosímil o riguroso; no intenta recrearlo al punto que se desvía la narración hacia el paisaje u objetos inmersos en este. Es capaz de recrear con gran sensibilidad la naturaleza que rodea el Distrito 12 y la que se encuentra dentro del campo en el que se desarrollan los juegos. Solucionó bien el embrollo de mostrar tecnología y carencias dentro del futuro que plantea, cómo se interrelacionan estos componentes con las áreas rurales remanentes —los distritos— y el imponente Capitolio que los domina.

Por ahora no pienso leerme los otros dos libros que componen la saga pero entiendo el por qué se hizo tan famosa y leída. El argumento es sencillo con una estructura sólida y fácil de seguir, se desarrolla hacia adelante con pequeñas digresiones para poner en contexto al lector; los personajes generan buenos contrastes y aunque algunos apenas se dibujan —la mayoría de tributos de los otros distritos—, dan ganas de conocerlos y saber qué va a sucederles. Un buen libro para acercarse a la ciencia ficción, entretenido y fácil de leer, que refleja las discrepancias sociales y económicas en las que vivimos, cómo desestimamos al otro, al que es diferente, o al que no comparte nuestra cultura y valores o que por necesidad o capricho debemos hacer ver como un monstruo, un ser despojado de humanidad y por tanto de nosotros mismos: sin reflejo no hay por qué preocuparse.

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